
Un armario de tres cuerpos no cabe por la puerta de un piso antiguo de Collado Villalba. Tampoco baja por una escalera de caracol ni entra en el ascensor. Lo hemos visto cientos de veces. Y la solución casi siempre es la misma: desmontar.
Tras más de 30 años moviendo casas por toda la Comunidad de Madrid, hemos aprendido que el momento de desmontar y proteger los muebles es donde se gana o se pierde una mudanza. Aquí te contamos cómo lo hacemos nosotros, paso a paso, para que llegue todo de una pieza.
No es por capricho ni por dar más trabajo. Desmontar resuelve problemas muy concretos que aparecen el día del traslado.
Como regla, desmontamos todo lo que tenga más de un metro de ancho o que no quepa con holgura por la puerta. Si dudas, mide el hueco más estrecho del recorrido. Esa medida manda.
No hace falta un taller entero. Con un kit sencillo cubres el 90 % de los muebles de una casa.
Un consejo: trabaja siempre con luz buena y espacio libre alrededor del mueble. Las prisas y la penumbra son las que estropean los herrajes.
El error más caro de una mudanza casera no es romper un mueble. Es perder los tornillos y descubrir, ya en la casa nueva, que no puedes montar la cama. Lo arreglamos con un método tonto pero infalible.
Y antes de tocar el primer tornillo, haz fotos. Fotografía el montaje desde varios ángulos, los detalles de los herrajes y cómo encajan las piezas. Cuando estés montando de nuevo a las nueve de la noche y agotado, esas fotos valen oro para recordar el orden exacto.
Una vez desmontado, todo se protege. Estos son los tres materiales que más usamos y para qué sirve cada uno.
Quita primero puertas y cajones, luego baldas, y por último desmonta la estructura. Las puertas, envueltas en manta y de canto, viajan mucho mejor que sueltas. En las mesas, desmonta siempre las patas y protege el tablero con manta y cantoneras en las cuatro esquinas.
Los somieres de láminas suelen separarse en dos o plegarse; los canapés se vacían y se cierran con cinta. El colchón es harina de otro costal: nunca lo dobles. Mételo en una funda específica de colchón para que no se manche ni absorba humedad durante el transporte, y transpórtalo plano o de canto, nunca enrollado.
Aquí no se escatima. Cubre la superficie con papel burbuja, refuerza con cartón rígido por ambas caras y marca el bulto como frágil. Los espejos y cristales viajan siempre de canto, nunca tumbados, porque acostados se parten con la vibración del camión.
Retira los cojines sueltos y, si las patas se desenroscan, quítalas. Envuelve todo el cuerpo en film y manta para proteger la tapicería del roce y la suciedad. Si el sofá es muy grande, mídelo bien: a veces la diferencia entre que entre o no por la puerta son esos pocos centímetros de las patas.
No todo se desmonta. Una cómoda maciza, una vitrina antigua o un mueble de una sola pieza viajan enteros. En esos casos, la protección lo es todo.
Con piezas antiguas o de mucho valor, lo más sensato es dejarlo en manos de profesionales. El embalaje a medida evita disgustos que luego no tienen arreglo.
A veces las fechas no cuadran. Dejas un piso antes de poder entrar en el siguiente, o la casa nueva está en obras. En esos casos no tiene sentido amontonar los muebles en casa de un familiar.
La opción cómoda es el almacenaje temporal en un servicio de guardamuebles en Madrid, donde el mobiliario queda en un espacio limpio, seco y vigilado el tiempo que necesites. Si llega ya desmontado y bien protegido, ocupa menos, paga menos y sale en perfecto estado el día que lo recuperes.
Depende del mueble. Una estantería sencilla la desmonta cualquiera. Pero en armarios empotrados, muebles de cocina o piezas con herrajes delicados, conviene un profesional: un montaje mal deshecho puede dejar el tablero inservible. Si quieres ahorrar, desmonta tú lo fácil y deja lo complejo al equipo.
Para un piso de dos habitaciones en Madrid solemos contar con 6 a 10 mantas de mudanza, un par de rollos de film, varios metros de papel burbuja para cristales y un buen surtido de cantoneras. Es orientativo: cuantos más muebles delicados, más material. Quedarse corto siempre sale más caro que sobrar.
Sí, siempre que estén en un sitio seco y bien protegidos. La madera teme la humedad y los cambios bruscos de temperatura. En un guardamuebles acondicionado pueden estar meses sin problema; en un trastero húmedo o un garaje, en cambio, el tablero se hincha y la tapicería coge olor. La diferencia está en las condiciones, no en el tiempo.
Desmontar y proteger bien lleva su tiempo, pero es la mejor inversión para que tus muebles lleguen como salieron. Si prefieres no complicarte, en Mudanzas Ramírez nos encargamos del desmontaje, el embalaje y el montaje en la casa nueva. Cuéntanos qué tienes y te decimos cómo lo planteamos.